Reconociendo mis deseos y fantasías
La primera vez que me masturbé lo hice pensando en que un hombre mayor me violaba. Tenía diez años cuando exploré la masturbación conectándola a una fantasía, aunque mi carrera como onanista profesional comenzó unos tres años antes –cuando descubrí, no recuerdo bien cómo ni qué día, que ciertos peluches o la almohada entre mis piernas provocaban un “cosquilleo” con la presión y fricción adecuada–. No estoy segura de cómo surgió esa escena en mi cabeza y tampoco recuerdo qué la provocó, pero recuerdo las imágenes. Pensé en un hombre mayor, sin rostro, y de alguna manera estaba entendido que era una figura de autoridad y admiración, algo así como un maestro. Pensé que este hombre, muy a lo grooming, me llevaba a una esquinita escondida y que entre plantas y un bote de basura con cabeza de elefante comenzaba a tocarme y terminaba penetrándome. Esa escena me hizo sentir el cosquilleo entre mis piernas pero esta vez sin almohada, sin tocarme, sólo por haberlo imaginado. Se me ocurrió que si añadía uno de mis peluches favoritos a la ecuación el resultado podría ser fuegos artificiales. Y así fue. No sólo hubo explosión, sino que esa explosión fue mucho más intensa que las que había tenido antes. Bien dice Wendy Rene que después de las risas vienen las lágrimas. También ese día sentí por primera vez vergüenza y culpa por temas relacionados con mi sexualidad.
La culpa patriarcal
A los diez años yo sabía dos cosas: que tocarte “ahí abajo” era “cochino”, y que si alguien me hacía lo que acababa de imaginar eso era algo muy malo. Imagínense la culpa. No dejaba de repetirme que era una cochina y que esa era la última vez que eso debía pasar. Spoiler alert: Obviamente no fue la última vez. Esa escena, con algunas variaciones, ha sido mi fantasía más recurrente hasta la fecha. Cuando entré a la prepa ya había aprendido bien el mensaje del amor romántico y de cómo el sexo era algo sacro que sólo se podía compartir en posición de misionero y con tu principe azul en un lecho de amor. ¡Imagínense la culpa! Mientras mis amigas de la prepa contaban unas fantasías que parecían sacadas de una película Disney, yo sentía vergüenza de las mías. No podía entender por qué quería que alguien me hiciera daño. Ahora me doy cuenta y corrijo: la Lulu de ese entonces no entendía que fantasear con algo es muy distinto a desearlo. Mi culpa surgía de no poder distinguir entre fantasía y deseo.
La reivindicación del BDSM
Además de mis fantasías, fui encontrando apoyo visual para mis sesiones de autoerotismo en el n0p0r, y ahí fue donde aprendí que lo que a mí me prendía era considerado “bizarro”. Además de esta etiqueta, comencé a notar otras constantes en mis videos favoritos: “Bondage”, “Dd/lg”, “gag”, “sadomasoquismo”. Sentí muchísima curiosidad en saber qué significaba cada etiqueta, y con unas cuantas búsquedas en internet llegué a FetLife y blogs de diarios de sumisas. Supe entonces que no era la única con fantasías violentas. Pero no sólo eso, a medida que fui leyendo y adentrándome más del tema, y me fui acercando virtualmente a la comunidad, aprendí que hay una diferencia entre la fantasía y el deseo, y que era posible explorar ciertos deseos a través de una práctica SSC (segura, sensata y consensuada). El BDSM me permitió dar rienda suelta a mis fantasías e identificar los deseos que las sustentaban. ¡Imaginen el alivio! Pasó un poco más de tiempo para que la vergüenza abandonara mi cuerpa por completo y yo me animara a probar el BDSM en carne propia, pero en cuanto lo hice supe que quería predicar la palabra bdsmera. Una vez que salí del closet salí bien.
La nueva culpa feminista
Yo –según– lo tenía todo claro, hasta que comenzó mi acercamiento al feminismo. La violencia de género es un problema gravísimo en mi país: cada 18 segundos una mujer es violada y al día se cometen más de 11 feminicidios. Adicionalmente, la pederastía es otro asunto alarmante que enfrentamos en este pedacito de tierra llamado México. “¿Qué hago yo masturbandome con una fantasía de infantilización y violación? Soy una feminista, debería ser mejor que esto”. Saqué el feminismo-metro para juzgarme a mí misma y me sentí culpable por fantasear con algo que para las mujeres que lo han vivido en carne propia y sus familias es una pesadilla. ¡Para mí también lo sería si me ocurriera realmente! Otra vez me sentí fuera de lugar, con inseguridad y avergonzada de mis fantasías. Sentí que se me estaba pidiendo deconstruir mi deseo con los rashos láser del feminismo o renunciar a él, y no estaba segura de querer soltar lo que había logrado, de renunciar a mis orgasmos ni a mi lucha. Estaba entre la espada y la pared. Reconocer esa resistencia también me generó culpa. Tenía un poco la idea de que el feminismo radical era la corriente poseedora de la verdad absoluta y lo tome como una meta personal feminista. Imaginen el tropezón que me di cuando me fui enterando de que mi sexualidad no tenía lugar dentro del manual de la buena feminista, que mis fantasías y deseos no debían ser lo que que eran. Afortunadamente mi resistencia, y las mismas herramientas que propone el feminismo, me permitieron cuestionar si realmente me identificaba con el feminismo radical y si esa era la trinchera desde la cual quería llevar mi lucha. Así fue como llegué al anarco feminismo que, así bien desmenuzadito y a grandes rasgos, busca la emancipación y autonomía de todas las personas, propone la organización y las redes de apoyo, y tiene como camino la libertad. Y éste a su vez me conectó con la postura feminista pro-sex, desde la cuál pude delimitar los conceptos de fantasía y deseo que me atormentaron en mi pasado al agregar un tercero: la voluntad.
Reapropiandome de mi sexualidad
Conocer a más mujeres que militan su feminismo desde posturas pro-sex y libertarias ha sido una experiencia realmente enriquecedora. Todos los días aprendo de mis amigas las putas, las web-cameras, las sexólogas, las bdsmeras; mujeres que resultan las más negras de todas las ovejas negras, que embellecen el paisaje de mi vida y a las cuales admiro profundamente. El trabajo y la compañía de estas mujeres me han ayudado a sacudirme una vez más las culpas que se andaban queriendo incrustar en mí, a reconocerme como una sujeta sexual, a afirmar y defender mis fantasías, mis deseos, mi placer y mi voluntad de vivir libremente mi sexualidad y mi cuerpa. Ahora sé que lo que me prende no sólo es válido sino que también posible desde el feminismo, que no se contrapone y que, aunque tenemos mucho trabajo pendiente en este terreno, el BDSM violeta es posible.
Hay una cita que me gusta mucho de la antropóloga y feminista Carol Vance tomada desde su texto El placer y el peligro, “No basta con alejar a las mujeres del peligro y la opresión; es necesario moverse hacia algo: hacia el placer, la acción, la autodefinición. El feminismo debe aumentar el placer de las mujeres, no sólo disminuir nuestra desgracia”. Estas palabras ayudaron a trazar la ruta que quería seguir dentro de mi lucha feminista y es precisamente la perspectiva que quiero compartir con ustedes en este blog. Histórica y sistemáticamente, el patriarcado nos ha negado el derecho de hacer con nuestras cuerpas, nuestra sexualidad y nuestra sensualidad lo que queramos. Yo estoy en guerra contra el patriarcado y por eso mismo no seré su aliada en la cancelación de los deseos. No renunciemos al placer por el feminismo; ese no es el camino. Nuestro propósito como feministas no debería ser nunca el deconstruir nuestras fantasías y deseos, sino reconocerlos y trabajar para que todes seamos libres de vivirlos sin juicios ni culpas. Nuestra energía y trabajo debe enfocarse en revolucionar la manera en la que relacionamos nuestras cuerpas, en la voluntad. Por eso resulta muy importante tener bien claras las diferencias y límites entre una fantasía y un deseo, así como educar nuestra voluntad para no caer en culpas ni replicar conductas patriarcales para con nosotres mismxs y quienes queremos.
¿Ustedes tienen clara la diferencia entre fantasía y deseo?, ¿Consideran que son deconstruibles?, ¿Han escuchado sobre la voluntad? Pueden leer más al respecto en la próxima publicación.
Muchas gracias por compartir. Excelente texto. Felicidades!
ResponderBorrarMe gustó mucho cómo explicas algo muy profundo de forma honesta y sencilla para que todxs lo entendamos.
ResponderBorrarSimplemente me encanta ��
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